26.8.09

28.08.09

Tras el conflicto de intereses desatado en la comunidad entre La Profesora Ciencias de la E. y Sor Raimunda en torno a quién debía ser destacado aquel día en las efemérides institucionales -si Agustín de Hipona, el candidato de la religiosa o Martin Luther King, el de la docente- y conforme a la iluminación de Su Augusta Creatividad, recientemente recibida, La Perturbada, que había ingresado al Cotolengo harta de peleas entre hermanas, decidió hacer su aporte a la solución del conflicto apelando a sus recursos.

Tomó su álbum de recortes de figuritas de época y se dirigió presurosa a realizar ampliaciones color de sendas imágenes del obispo y el reverendo para la confección de la nueva cartelera compartida. Después de todo, para ella -en su percepción global de la realidad y de esta situación en particular- no había tanta diferencia entre uno y otro: ambos hombres habían sido a la vez tan mundanos como consagrados a su fe. Y más allá de la diferencia de credos y tiempos históricos, compartían la esperanza de que la fraternidad y el amor podrían redimirnos de los males que nos aquejan debido al egoísmo y la soberbia de la humana condición.

De este modo, realizó su aporte a la integración de las diferencias y contribuyó a devolver el clima de paz en la comunidad y muy especialmente a su mundo interior que ya bastante afectado estaba con su propia perturbación.

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