22.9.09

25.09.09

Alterados por un concurso de poesía que propuso la Profesora Ciencias de la E. en homenaje a Alejandra Pizarnik, los menganos que compartían su admiración por la poetisa surrealista, rápidamente se engancharon con la idea. La poesía que resultase elegida se exhibiría en la cartelera institucional esa semana.


El problema era quién oficiaría de jurado ya que todos los menganos querían participar pero también seleccionar. Y puesto que la docente dejó claro que no se podía ser juez y parte a la vez, nadie logró ponerse de acuerdo.

Así, como cada vez que tenían problemas para arribar a un consenso, resolvieron consultar el Verde Oráculo de Pai Nando de modo que el azar o la predestinación decida quién expondría su poesía.

En principio convinieron por sugerencia de Benito que la carta indicada sería “La Criptonita”, debido a que la misma representa una etapa de desconexión de la realidad, un momento privilegiado para la creatividad, aunque advierte que su iridiscencia puede atraernos como bichitos de luz hasta quemarnos, incluso consumirnos. Sin embargo a último momento las mujeres del cotolengo decidieron, prescindiendo del consenso, que la carta ganadora fuera otra: “El Pepino”, ya que Alejandra era una mujer fálica al igual que la hortaliza. Razón ésta, en todo discutible para El Erudito que pertenecía al campo de lo conceptual y, consecuentemente, se inclinaba a una elección más basada en el contenido que en la forma. No obstante, prefirió no enfrentar la histeria femenina y aviniéndose a la voluntad de la mayoría se apresuró a probar suerte. Su insatisfacción con la decisión se hizo más patente cuando resultó desfavorecido justamente con la carta que él había propuesto, con lo cual se retiró a sus aposentos a escribir sobre el día que descubrió que, al fin y al cabo, todos estábamos condenados a perder algún día.

Curiosamente resultó galardonada con el verde Pepino la única de las huéspedes que, acostumbrada cuando era docente de dibujo a proponer tema libre, hacía uso a menudo de esta licencia creativa para hacer lo que le viniera en ganas.

La Perturbada, que durante su adolescencia había leído el poemario completo de la Pizarnik, quedando más perturbada de lo que la naturaleza ya le había concedido, prefirió esta vez no volver sobre aquellas sensaciones angustiosas que le suscitaban los escritos de la poetisa y dejar volar por entero su imaginación hasta colgarse de alguna idea que se le cruzara. Con tal propósito creativo, se asomó a la ventana de su cuarto y contemplando la belleza del ocaso, se abstrajo durante horas observando fijamente los cactus del patio del cotolengo y recordando como decía la Pizarnik, que la verdadera rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. Cuando la noche había caído desvió la vista de las espinas de la variedad de especies cactáceas que poblaban el jardín del hospicio, levantó sus ojos al cielo y entonces en medio de su éxtasis recibió la inspiración que esperaba.

Una paloma mensajera, perdida como ella, echó a volar del único laurel que había en el jardín y antes de darle tiempo a reaccionar lanzó sus blancas y chirles heces en medio de su cara.

Las cámaras del cotolengo que habían instalado tiempo atrás, registraron el momento exacto de la particular bendición del plumífero y el resto de los huéspedes, movidos quizá por la envidia de no haber resultado seleccionados, se apresuraron a colgar la imagen en sus respectivos blogs, los cuales pueden ser visitados por nuestra audiencia.

Pero la más contundente de las pruebas es sin dudarlo el poema que la Srta. Lilí, alias la Perturbada, dedicó en sus encuentros de psicoarte a todos los menganos. Intitulado “Oh palomita”, dice así:
Oh palomita, blanca paloma
que de tu pico el laurel asoma,
oh palomita, paloma fiel
que vuelves siempre por el laurel.

Oh palomita que sin cuidado
cortas los gajos recién plantados,
oh palomita, paloma cruel,
que me arruinaste todo el laurel.

Oh palomita, viajera errante
que haces tus nidos en mis estantes,
oh palomita, paloma hedionda
que impregnas todo de olor a fonda

Oh palomita, plumero inmundo
que arrojas plumas por todo el mundo,
oh palomita, paloma rea
voy a rociarte con cal y brea.

Oh palomita, bicho mugroso
que a mis cachorros llenas de piojos,
oh palomita, paloma quiero
purificarte con nafta y fuego

Oh palomita, intestino alado
que tiras caca por todos lados,
oh palomita, paloma tierna
cuando te agarre te entierro en mierda

17.9.09

Tormenta de Estrellas

Benito, el erudito, haciendo honor a su merecido apodo, entre los lenguajes que manejaba también conocía bien el de la música. Hijo de su tiempo, durante su infancia se había convertido en fans acérrimo de Jimmy Hendrix, cuyos solos distorsionados de viola lo transportaban a atmósferas demasiado psicodélicas para su corta edad. En realidad, la guitarra de Hendrix era el detonante que disparaba su delirio infantil.

Por aquella época ya mostró su fuerte carácter resistiéndose a que le cortaran el pelo y convenciendo a su hermana bajo amenaza de amanecer pelada uno de esos días a que le hiciera permanentes caseras de modo de emular el afro de Jimmy. También le hurtaba las plataformas a Elvi Rot, su madre que allá por los finales de los ’60 y principios de los ‘70 vestía muy a la moda.

Verlo sacado, asido a una escoba cual guitarra eléctrica conectada mediante una soga a la heladera como si se tratase de un gran buffle, lejos de resultar gracioso provocaba reacciones de alerta en su madre y de miedo, cuando no pánico en su hermana. De todos modos, en aquellas ocasiones habían optado ambas mujeres por no interferir ya que las veces que lo intentaron sólo provocaron que los alaridos de Benito en sus covers a capella de Hendrix se hiciesen oír por todo el vecindario.

Cuando el 18 de septiembre de 1970 fallece el guitarrista, el entonces púber Benito sumido por primera vez en una profunda conmoción entendió que los ídolos son de barro y tras su duelo durante el cual se rapó a navaja, se abocó de lleno a la lectura de los filósofos existencialistas que marcaron a fuego su vida.

Por su parte La Perturbada además de pegar recortes en su álbum de figuritas era una adicta al cine. La Trava, que no era una gran cinéfila adoraba no obstante todo lo relacionado con la vida de las grandes divas del séptimo arte. De hecho, para uno de sus cumpleaños rindió homenaje junto a una colega a aquellas estrellas de la pantalla grande que la habían inspirado durante su infancia y juventud, justo antes de tomar la decisión de trasvestirse las 24 horas.

Esta afición compartida por ambas fulanas hizo que pronto entablaran amistad pasándose horas enteras intercambiando anécdotas sobre estas actrices que les aportaron la cuota de brillo y glamour de la que carecían en sus mustias existencias.

Para celebrar el aniversario del nacimiento de la Garbo, la Trava y la Perturbada alquilaron un filme emblemático de “La divina” Greta logrando despertar el entusiasmo de todas las mujeres del cotolengo, incluso el de Sor Raimunda que profesaba una secreta admiración por la mítica actriz bisexual. La noticia de la proyección corrió como reguero de pólvora entre la troupe femenina que, como no podía ser de otro modo no paraban de hablar todas a la vez de lo mismo. Es que si algo tenían en común todas estas mujeres era su gran expresividad y un fuerte temperamento que las hacía sentirse un poco Mata Hari.

Harto de tanta ascendencia, afición y estética femeninas el Erudito Benito, único huésped varón de carne y hueso, brotó. Dando un portazo se recluyó en su cuarto. Las mujeres alarmadas ante la reacción de Benito entraron en un extraño estado grupal de silencio el cual fue roto a los pocos minutos cuando reapareció extrañamente producido, como en ocasiones hacía de niño. Peluca afro, blusa setentosa de su madre, rostro embetunado y escoba en mano, colocó Freedom de Jimmy Hendrix en los altoparlantes del cotolengo y completamente eufórico emuló a su ídolo de la infancia.

La Trava que a esa altura ya estaba un poco copeteada dirigiéndose a Pai Nando que yacía inmóvil, cual barman mal pagado, vociferó roncamente: “Yo quiero ser libre como Jimmy y tener tanto garbo como Greta”. Y citando al personaje de Ana Karenina, exclamó: “Dame un whiskie con soda al lado y no seas tacaño".