Alterados por un concurso de poesía que propuso la Profesora Ciencias de la E. en homenaje a Alejandra Pizarnik, los menganos que compartían su admiración por la poetisa surrealista, rápidamente se engancharon con la idea. La poesía que resultase elegida se exhibiría en la cartelera institucional esa semana.

El problema era quién oficiaría de jurado ya que todos los menganos querían participar pero también seleccionar. Y puesto que la docente dejó claro que no se podía ser juez y parte a la vez, nadie logró ponerse de acuerdo.
Así, como cada vez que tenían problemas para arribar a un consenso, resolvieron consultar el Verde Oráculo de Pai Nando de modo que el azar o la predestinación decida quién expondría su poesía.
En principio convinieron por sugerencia de Benito que la carta indicada sería “La Criptonita”, debido a que la misma representa una etapa de desconexión de la realidad, un momento privilegiado para la creatividad, aunque advierte que su iridiscencia puede atraernos como bichitos de luz hasta quemarnos, incluso consumirnos. Sin embargo a último momento las mujeres del cotolengo decidieron, prescindiendo del consenso, que la carta ganadora fuera otra: “El Pepino”, ya que Alejandra era una mujer fálica al igual que la hortaliza. Razón ésta, en todo discutible para El Erudito que pertenecía al campo de lo conceptual y, consecuentemente, se inclinaba a una elección más basada en el contenido que en la forma. No obstante, prefirió no enfrentar la histeria femenina y aviniéndose a la voluntad de la mayoría se apresuró a probar suerte. Su insatisfacción con la decisión se hizo más patente cuando resultó desfavorecido justamente con la carta que él había propuesto, con lo cual se retiró a sus aposentos a escribir sobre el día que descubrió que, al fin y al cabo, todos estábamos condenados a perder algún día.
Curiosamente resultó galardonada con el verde Pepino la única de las huéspedes que, acostumbrada cuando era docente de dibujo a proponer tema libre, hacía uso a menudo de esta licencia creativa para hacer lo que le viniera en ganas.
La Perturbada, que durante su adolescencia había leído el poemario completo de la Pizarnik, quedando más perturbada de lo que la naturaleza ya le había concedido, prefirió esta vez no volver sobre aquellas sensaciones angustiosas que le suscitaban los escritos de la poetisa y dejar volar por entero su imaginación hasta colgarse de alguna idea que se le cruzara. Con tal propósito creativo, se asomó a la ventana de su cuarto y contemplando la belleza del ocaso, se abstrajo durante horas observando fijamente los cactus del patio del cotolengo y recordando como decía la Pizarnik, que la verdadera rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. Cuando la noche había caído desvió la vista de las espinas de la variedad de especies cactáceas que poblaban el jardín del hospicio, levantó sus ojos al cielo y entonces en medio de su éxtasis recibió la inspiración que esperaba.
Una paloma mensajera, perdida como ella, echó a volar del único laurel que había en el jardín y antes de darle tiempo a reaccionar lanzó sus blancas y chirles heces en medio de su cara.
Las cámaras del cotolengo que habían instalado tiempo atrás, registraron el momento exacto de la particular bendición del plumífero y el resto de los huéspedes, movidos quizá por la envidia de no haber resultado seleccionados, se apresuraron a colgar la imagen en sus respectivos blogs, los cuales pueden ser visitados por nuestra audiencia.

El problema era quién oficiaría de jurado ya que todos los menganos querían participar pero también seleccionar. Y puesto que la docente dejó claro que no se podía ser juez y parte a la vez, nadie logró ponerse de acuerdo.
Así, como cada vez que tenían problemas para arribar a un consenso, resolvieron consultar el Verde Oráculo de Pai Nando de modo que el azar o la predestinación decida quién expondría su poesía.
En principio convinieron por sugerencia de Benito que la carta indicada sería “La Criptonita”, debido a que la misma representa una etapa de desconexión de la realidad, un momento privilegiado para la creatividad, aunque advierte que su iridiscencia puede atraernos como bichitos de luz hasta quemarnos, incluso consumirnos. Sin embargo a último momento las mujeres del cotolengo decidieron, prescindiendo del consenso, que la carta ganadora fuera otra: “El Pepino”, ya que Alejandra era una mujer fálica al igual que la hortaliza. Razón ésta, en todo discutible para El Erudito que pertenecía al campo de lo conceptual y, consecuentemente, se inclinaba a una elección más basada en el contenido que en la forma. No obstante, prefirió no enfrentar la histeria femenina y aviniéndose a la voluntad de la mayoría se apresuró a probar suerte. Su insatisfacción con la decisión se hizo más patente cuando resultó desfavorecido justamente con la carta que él había propuesto, con lo cual se retiró a sus aposentos a escribir sobre el día que descubrió que, al fin y al cabo, todos estábamos condenados a perder algún día.
Curiosamente resultó galardonada con el verde Pepino la única de las huéspedes que, acostumbrada cuando era docente de dibujo a proponer tema libre, hacía uso a menudo de esta licencia creativa para hacer lo que le viniera en ganas.
La Perturbada, que durante su adolescencia había leído el poemario completo de la Pizarnik, quedando más perturbada de lo que la naturaleza ya le había concedido, prefirió esta vez no volver sobre aquellas sensaciones angustiosas que le suscitaban los escritos de la poetisa y dejar volar por entero su imaginación hasta colgarse de alguna idea que se le cruzara. Con tal propósito creativo, se asomó a la ventana de su cuarto y contemplando la belleza del ocaso, se abstrajo durante horas observando fijamente los cactus del patio del cotolengo y recordando como decía la Pizarnik, que la verdadera rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. Cuando la noche había caído desvió la vista de las espinas de la variedad de especies cactáceas que poblaban el jardín del hospicio, levantó sus ojos al cielo y entonces en medio de su éxtasis recibió la inspiración que esperaba.
Una paloma mensajera, perdida como ella, echó a volar del único laurel que había en el jardín y antes de darle tiempo a reaccionar lanzó sus blancas y chirles heces en medio de su cara.
Pero la más contundente de las pruebas es sin dudarlo el poema que la Srta. Lilí, alias la Perturbada, dedicó en sus encuentros de psicoarte a todos los menganos. Intitulado “Oh palomita”, dice así:
Oh palomita, blanca paloma
que de tu pico el laurel asoma,
oh palomita, paloma fiel
que vuelves siempre por el laurel.
Oh palomita que sin cuidado
cortas los gajos recién plantados,
oh palomita, paloma cruel,
que me arruinaste todo el laurel.
Oh palomita, viajera errante
que haces tus nidos en mis estantes,
oh palomita, paloma hedionda
que impregnas todo de olor a fonda
Oh palomita, plumero inmundo
que arrojas plumas por todo el mundo,
oh palomita, paloma rea
voy a rociarte con cal y brea.
Oh palomita, bicho mugroso
que a mis cachorros llenas de piojos,
oh palomita, paloma quiero
purificarte con nafta y fuego
Oh palomita, intestino alado
que tiras caca por todos lados,
oh palomita, paloma tierna
cuando te agarre te entierro en mierda
que de tu pico el laurel asoma,
oh palomita, paloma fiel
que vuelves siempre por el laurel.
Oh palomita que sin cuidado
cortas los gajos recién plantados,
oh palomita, paloma cruel,
que me arruinaste todo el laurel.
Oh palomita, viajera errante
que haces tus nidos en mis estantes,
oh palomita, paloma hedionda
que impregnas todo de olor a fonda
Oh palomita, plumero inmundo
que arrojas plumas por todo el mundo,
oh palomita, paloma rea
voy a rociarte con cal y brea.
Oh palomita, bicho mugroso
que a mis cachorros llenas de piojos,
oh palomita, paloma quiero
purificarte con nafta y fuego
Oh palomita, intestino alado
que tiras caca por todos lados,
oh palomita, paloma tierna
cuando te agarre te entierro en mierda
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