17.8.09

21 de agosto

Como cada viernes la Desquiciada se levantó al alba y antes de dirigirse al cuarto de baño, acudió presurosa a su biblioteca en la que archivaba el cuaderno de recortes de figuritas de diarios y revistas que la había llevado al Cotolengo.

Continuando lo que podría interpretarse como una tradición familiar, la Desquiciada heredó el hobbie de su madre y de su abuela. La pasión pronto la embriagó y su metié comenzó a ocupar todo su tiempo incluido en ocasiones el de su aseo personal. Tan compenetrada estaba armando su particular álbum que sus vecinos comenzaron a preocuparse de no verla salir siquiera a sacar la basura. El sentido de responsabilidad social les conminó a ponerse en campaña para hacer algo por la vecina que vivía sola. Antes que la presidenta de la vecinal llegara a llamar a la policía, Ella, que todo lo ve, se le apareció en sueños y le recomendó que juntara sólo su pertenencia más preciada y huyera cuanto antes a refugiarse en Mengano.

Cuando Mengano la vio llegar con sus cajas de cuadernos de colage, la miró a los ojos y refiriéndose a los bártulos añejos le dijo: “Por esto estás acá”, ratificando su aseveración con el meneo confirmatorio de su cabeza.

“Eso diría el Dr. Maravillas, mi psiquiatra.” Comenzó a explicar la Desquiciada en lo que resultó un ansioso y verborrágico discurso ante la ocasión de encontrar a alguien con quien poder hablar. “En nuestra última conversación telefónica –continuó- porque usted sabe que yo hace tiempo que no salgo de mi casa, me persuadió para que acepte que mi hobbie hacía mucho que había dejado de ser tal para convertirse en un obsesión compulsiva y que si bien nunca iba a lograr remitir del todo ese trastorno me recomendaba, como última sugerencia ya que, por cierto, se encargó de aclarar que él sentía que era tiempo de hacer una derivación adónde yo quisiera, puesto que él ya no podía hacer nada por mi; le decía Don Mengano, que me despachó diciéndome que tratara de mantener lo más a raya posible mi adicción por las tijeras y los recortes buscando alguna actividad alternativa como tipear en la Remington la guía telefónica y que para permitirme gozar de vez en cuando, eligiera sólo un día a la semana para repasar mis cuadernos y seguir confeccionando los actuales. Así que yo le voy a pedir, si no es mucha molestia, levantarme un poco más temprano los viernes para dedicarme ese día, todo el día, a lo único que me entretiene.


Atardecía el jueves cuando La Perturbada hizo su ingreso a Mengano. El lugar parecía deshabitado. Sus huéspedes estaban voluntariamente recluidos en sus cuartos. Al día siguiente, viernes 21 de agosto, afuera había elecciones generales obligatorias. La idea de hacerlas un viernes, siendo que el día que correspondía según el cronograma oficial era el próximo domingo, es decir 48 horas después, era que la gente votara tempranito y aprovechara el fin de semana largo para viajar y fomentar el turismo interno, homenajeando de paso el día que -63 años atrás- el senado sancionó la ley del voto femenino en Argento, “El País más Generoso del Mundo”, según rezaba el nuevo lema del escudo nacional instaurado tras la sanción del proyecto de ley del ejecutivo que estipulaba la reforma de los símbolos patrios recientemente aprobada por el congreso. Si bien la prensa no hablaba de otra cosa, a nadie le resultó raro en Mengano semejante decisión de las autoridades. Al fin y al cabo vivían en un país donde cada dos por tres se adelantaban las elecciones y por motivos mucho más cuestionables.

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